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USO DESMEDIDO DE LOS DECORADOS VIRTUALES

'Víctor Ros': los efectos visuales estropean una buena historia

REDACCIÓN  |  13 de Enero de 2015 (11:20 h.)
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Tratar de reconstruir el Madrid del siglo XIX sólo se puede hacer de dos maneras, construyendo unos formidables decorados e iluminarlos con buen director de fotografía, o recurrir a los cada vez más habituales efectos digitales.

'Velvet' y 'El Príncipe' optaron por lo segundo con una gran eficacia. La técnica de reconstrucción digital del decorados ofrece infinitas posibilidades a un coste de producción muy razonable.

También han optado por esta técnica de recreación de escenarios los productores de la serie de La 1 'Víctor Ros', estrenada con éxito este lunes en prime time. Pero el resultado es algo diferente. Y esa es la principal pega de la nueva ficción de Televisión Española: demasiado croma... y demasiado figurante en todas las escenas.

Veamos: tratar de recrear el Madrid de hace siglo y medio está bien, pero al espectador no le hace falta reconocer cada uno de los rincones que se muestran: que si la Plaza Mayor, que si el Palacio Real, que Cibeles, que si la Puerta de Alcalá... No, no hace falta, porque lo que busca el espectador es centrarse en la trama.

Por otro lado, el excesivo brillo y movilidad de los decorados simulados provocaba el efecto contrario al deseado: se veía que todo era falso.

Y por poner una última pega: no hace falta llenar un plató de extras paseando en todas las escenas de exterior para simular que es una calle... basta con que parezca una calle.

Al margen de todo esto, la serie 'Víctor Ros' es un entretenimiento razonablemente bien trazado, con una trama episódica entretenida, e historias transversales con perspectiva de crecer. Sinceramente, esperaba algo más en el argumento del primer capítulo de 'Víctor Ros', pero los mimbres están sanos.

Desde el punto de vista de la interpretación, Carles Francino está acertado, moderado, simpático en algunos momentos, socarrón. Es, sin duda, Víctor Ros. El resto del elenco resuelve bien, con la excepción de Tito Valverde, que -como de costumbre- está por encima del bien y del mal; es un inmenso actor que hace todo sin esfuerzo. El único problema es que -como ya  empieza a ser habitual- a su personaje se lo cargan en el primer capítulo.

En suma, 'Victor Ros' tiene defectos, pero se deja ver con agrado, a la espera de que las tramas episódicas permitan al espectador participar de ellas, especular, jugar.